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viernes, 11 de mayo de 2012

Una vez más..

Quería ser lo mejor que habías tenido en tu años de locuras y experiencias desastrosas, quería ser la mujer que te hiciera sentar la cabeza. Qué imbecil, siempre me consideraste una niñata con aires de superioridad, para qué mentir. Pero al igual que acertaste en todo lo demás, te equivocaste en una cosa. Creíste que jamás me enamoraría de alguien como tú, que no sería tan estúpida. Qué poco me conocías, estúpida es mi segundo nombre. Besabas de una forma que me hacía perder hasta la vergüenza y cuando me susurrabas todas esas guarradas al oído, parecía que temblar era lo único que sabía hacer. Supongo que no tuviste en cuenta el factor encanto, porque cariño puedes llegar a ser jodidamente encantador, aunque parezca mentira. A partir del segundo mes me tenías completamente a tus pies, sin remedio, besando el suelo que pisabas. Pensé que tú sentías al menos un eco de aquel amor que me abrasaba, pero claramente no era el caso, y terminé con el corazón echo añicos mientras que tú te volvías encantado en otras sábanas, una vez más.

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