Me llaman astronauta
por recorrer cada uno
de sus lunares con
la yema de los dedos
hasta ponerle los pelos de punta.
Por acariciar todos los cráteres
y lanzarle miradas lascivas.
Por reflejarme en sus ojos
y meterme me en su alma;
poco a poco,
una de mis lunas preferidas de su cuerpo
está subiendo por
el lóbulo izquierdo
y a mí me hace perder el Norte.
Y el otro,
mi favorito
la que está contemplándola como diosa
debajo del ombligo hasta llegar al cielo.
Me llaman astronauta
y es lo que quiero
leer en braille cada linea oculta de cuerpo
versar lo que no esté escrito
y hacer la tercera guerra mundial debajo de las sabanas.
Quiero el destino perfecto
pero no quiero escribirlo
quiero vivir en gerundio
entre verso y verso
prosa y prosa
y una mano que me agarre y no se vaya nunca.
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