Le quitaba las dudas
y eramos felices.
Podría recitarle
todos los poemas impronunciables
mientras me interrumpía su lengua.
Llevo un tiempo que no
me interesa la seguridad,
pero me acojona
la idea
de
no
volverla
a
ver.
Le entregué mi alma
(hizo lo que quiso con el cuerpo)
Me curó
agujeros negros
impensables
imposibles.
Quizá para ella fueron dos días
de lluvia
y un otoño interrumpido.
Como el romance de película,
el suspiro detrás del orgasmo
o el concierto de su cantante favorito.
Podríamos estar dibujando
prohibidos,
cruzando metas entre
bosques perdidos.
No hay comentarios:
Publicar un comentario