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domingo, 10 de julio de 2016

¿Y bien?

Le quitaba las dudas
y eramos felices.
Podría recitarle
todos los poemas impronunciables
mientras me interrumpía su lengua.


Llevo un tiempo que no
me interesa la seguridad,
pero me acojona
la idea
de
no
volverla
a
ver.

Le entregué mi alma
(hizo lo que quiso con el cuerpo)
Me curó
agujeros negros
impensables
imposibles.

Quizá para ella fueron dos días
de lluvia
y un otoño interrumpido.

Como el romance de película,
el suspiro detrás del orgasmo
o el concierto de su cantante favorito.

Podríamos estar dibujando
prohibidos,
cruzando metas entre
bosques perdidos.

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